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Roque Gistau: "Llevamos 10 años sin una política clara y estable en materia de agua"

28.02.20121 | ARM Digital | David Aragonés.- El ex director gerente del Canal de Isabel II y actual presidente de la AEAS cree que debería recibir agua quien tuviera un cultivo rentable y pudiera pagarla.


Una vez que Miguel Arias Cañete anunció la elaboración de un nuevo Plan Hidrológico Nacional, nos hemos preguntado qué ocurre en España con la política hídrica y cuál es la causa de que no seamos capaces de llegar a un acuerdo en todos los territorios para gestionar un recurso natural básico y escaso como es el agua. Para buscar respuestas hemos hablado con uno de los mayores expertos en nuestro país en esta materia, Roque Gistau, actualmente presidente de AEAS (Asociación Española de Abastecimiento y Saneamiento de Aguas).

 

Para Gistau, en los últimos diez años, en los que no tenemos una política “clara” ni “estable”, no se han implementado más que políticas de “parches” y “bandazos”, y espera que haya llegado el momento de realizar una planificación que permita una gestión eficiente en la que no influyan las luchas políticas.


Roque Gistau ha sido director gerente del Canal de Isabel II, director general de AQUAGEST, presidente de Aguas Andinas, delegado de Aguas de Barcelona en Madrid, presidente de la EXPO 2008 celebrada en Zaragoza (dedicada al agua) y presidente de la Asociación de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Desde 2009 es presidente de AEAS (Asociación Española de Abastecimiento y Saneamiento de Aguas). Gistau estudió Ingeniería de Caminos en la rama de Hidráulica, es economista y se ha dedicado profesionalmente durante más de 25 años al agua, en especial en el sector urbano.


Gistau escuchó con atención la exposición del ministro Arias Cañete, y reconoce que suena bien, en un discurso “lógico y coherente”, al prometer máximo consenso entre las partes implicadas y las distintas Comunidades Autónomas. Para el presidente de AEAS estos son los cuatro principios que debería tener el nuevo Plan Hidrológico Nacional: el acuerdo entre los partidos políticos que permitiera precisamente la despolitización del plan, conocer bien las necesidades de todos los sectores, cobrar lo que el agua cuesta y que exista como exige la Directiva Europea una recuperación de costes, y, por último, realizar un mantenimiento de los ecosistemas y de la naturaleza.


¿Cuál es la situación actual del agua en nuestro país?

De todos los sectores de consumo, el más importante es el abastecimiento urbano, y las políticas en materia de agua deben ir dirigidas para que ese suministro esté garantizado. Debe ser un uso prioritario porque, además, está reconocido por la ley y por la Directiva Europea. El resto de usos deben estar regulados por el mercado.


¿Qué es lo que está mejor y peor en el sector del agua?

El abastecimiento está garantizado. No hay ningún problema serio de abastecimiento. Ya no digo en Madrid, que tenemos un servicio de lujo, si no en cualquier ciudad de España, la cantidad no es problema, y tampoco la calidad, porque el control sanitario es correcto en todos los sitios. Otra cosa es la percepción de los ciudadanos, el cómo te sabe o cómo te huele el agua. Hay una segunda parte en la que la situación no es tan buena: el saneamiento. El alcantarillado está mal, las tuberías están mal, en definitiva la red de colecta es lo peor que tenemos en el sistema, ya que muchas veces el agua llega mal y se pierde por el camino. En depuración, sin embargo, estamos al mismo nivel de Europa.


¿Qué ocurre con los otros usos del agua?

La agricultura utiliza un 75% del agua de España. El uso agrario es muy importante, ya que hay que cuidar cuatro millones de hectáreas de regadío que suponen el 70% de la renta agraria del país. Es un sector muy importante que hay que tratar con mimo. Otra cosa es cómo se aplican los precios del agua sobre la agricultura. El tercer uso es el hidroeléctrico. Las empresas ‘turbinan’ el agua, la oxigenan y la devuelven sin contaminar, con lo cual usan el agua pero no la consumen. Aquí deberíamos mejorar para que ese agua tenga una utilización más constructiva. Existen otros usos industriales y turísticos en lo que el consumo es irrisorio. Estos usos menos nobles normalmente utilizan agua regenerada, no de primer uso. Creo que se ha demonizado bastante este uso de agua destinado a piscinas, campos de golf y ocio en general, cuando sirven para potenciar la riqueza y el atractivo de nuestro turismo.


¿Qué ocurre con la agricultura?

El regadío es el verdadero problema. El agua para el riego es un gasto productivo igual que suponen las semillas y los abonos. Las regiones que tienen una agricultura potente, como en el caso del Levante español, quieren agua para aumentar sus regadíos y producir más. Y lo quieren a un precio que les permita seguir ganándose la vida. Mi tesis es que tienen que existir regadíos, pero hay que mejorarlos, y, a partir de ahora hay que establecer que, el que pueda pagar lo que vale el agua, que lo pague.


Además está recogido en la Directiva Europea

Según la Directiva Marco, si el agua no se paga adecuadamente en cada fase de su obtención, los usuarios –intermedios o finales– no la utilizarán eficientemente, ni los operadores podrán afrontar los costes de un servicio de calidad. La recuperación de costes es un pilar básico para proteger el agua mediante un uso racional y garantizar la calidad de los servicios.


La sensación que existe con el asunto del agua es similar a lo que ocurre en Educación. Se aprobó un plan en el 2001, se deroga parcialmente en 2004, y se anuncia ahora otro nuevo plan. ¿Qué debemos hacer?


Primero tenemos que cumplir con la Directiva Europea, que regula la gestión del agua en Europa, que estamos incumpliendo. Hay que trasponer de una vez la Directiva a nuestra legislación. Algo que es bastante complejo dada la estructura competencial de nuestro modelo político, y por otra parte la ideosincrasia de la materia, que también es complicada. Deberían apartarse las luchas políticas, hay que buscar el consenso en la planificación hacia una gestión más sostenible. Estamos viviendo de las rentas y de los esfuerzos parciales de unos y otros en una política de bandazos y de parches. Entre unas cosas y otras llevamos 10 años sin una política clara y estable en materia de agua.


¿Trasvases o desaladoras?

Sólo hay dos maneras de producir agua cuando no hay: si hay costa se puede desalar y, si no, traerla de otro lado. Aquí pasa un poco lo mismo que con la energía. Debemos tener un mix, no puedes depender sólo de una fuente de producción. Hay que utilizar los cuatro tipos de agua: la superficial, subterránea, desalada y regenerada. Soy partidario de utilizar todas las tecnologías en su debida proporción. Por lo que he leído y he escuchado del ministro iremos a un mix. Me parece que suena bien y que es un discurso coherente y lógico.


¿Volveremos a la política de trasvases?

Para que haya un trasvase, que realmente es una trasferencia de recursos de un sitio a otro, la única solución es que haya acuerdo económico entre las partes. Y, después, tienen que existir una serie de condiciones, como por ejemplo que haya una cuenca excedentaria. Esto supone otro problema porque, si hablas con los ecologistas, te van a decir que ese agua vertida el mar lo necesita, en lo que se llama el caudal ecológico. Yo no comparto esas tesis maximalistas, pero también es verdad que los ríos no pueden bajar secos y necesitan un caudal mínimo para su propia vida y dar de beber al ecosistema asociado.


¿Es posible ese acuerdo?

La carga de un proceso la soporta un territorio y los beneficios van para otro: eso es profundamente injusto e insostenible. La única solución de un trasvase entre territorios para uso productivo es ponerse de acuerdo entre las partes, y ponerse de acuerdo en la plusvalía que genera ese recurso. Un acuerdo económico entre la cuenca cedente y la receptora. Y si no, no puede haber trasvases. El agua no la quiero para verla circular por los ríos, la quiero para producir. Eso es una renta que antes no tenía ese territorio. Entonces alguna renta tiene que tener aquel que lo ha producido o aportado.


¿Hay agua para realizar esos trasvases?

La única forma que tenemos de guardar agua es regulando, y para ello es necesario construir más embalses. Tal como viene la climatología habrá que hacer más, porque hay razones que indican que hay un descenso de las aportaciones. Hay un recalentamiento, se están produciendo fenómenos extremos continuamente y tenemos que estar preparados para regular y tener agua asegurada. Esa regulación hay que hacerla sobre todo en los valles de las montañas.


¿Han fracasado las desaladoras como dice el ministro?

El plan no se ha optimizado, eso es evidente. Lo que dice el ministro es verdad. Se han hecho unas desaladoras en las que se han gastado una cifra importante y sólo se utilizan al 20%. No se utilizan porque hubo oposición política a utilizarlas. Hay una especie de guerra de algunas Comunidades contra esa solución. Por ejemplo, el consejero de Murcia decía que había que vendérselas a los árabes...


¿Cuáles son las perspectivas de futuro?

Hay que tener en cuenta muchas cosas. Los informes del clima que aseguran que vamos a tener menos agua de la que tenemos hoy. Afortunadamente el consumo de agua por persona se ha estabilizado y no está subiendo, a pesar del aumento de la población. Actualmente la dotación por persona y día está en torno a los 130 litros para uso doméstico. Los aparatos eléctricos que tenemos en el hogar consumen la mitad que hace 15 años. Eso mucho más importante que la concienciación y la educación. Y también ha sido muy importante la evolución de las políticas en los servicios públicos como en el riego de parques, los bomberos, etcétera.


¿Es ajustado el precio del agua que pagamos en el uso urbano?

No ocurre lo mismo que con los regadíos, pero pagamos menos de lo que cuesta. Estamos pagando alrededor de un 30% menos del coste real. Es un producto muy barato y con un servicio de calidad, por lo menos en el abastecimiento. Sin embargo, para mejorar el saneamiento, la mejor solución es incrementar los costes, a pesar de que el momento sea malo. Por ejemplo, la agencia catalana del agua tiene un déficit acumulado de 1.600 millones de euros. En Madrid, sin embargo, se están haciendo las cosas bien y hay superávit: se cobra 1,5 euros el metro cúbico (1.000 litros). En algunas ciudades se cobra hasta por debajo del euro.


En Madrid se están haciendo las cosas bien. Como ex director gerente del Canal de Isabel II ¿Qué le parece que se pueda privatizar el Canal?


En esto de los modelos todo puede funcionar. En este mundo hay ejemplos de todos los colores: hay modelos públicos que funcionan muy bien, por ejemplo el Canal, y hay otros privados que funcionan muy bien, como Aguas de Barcelona, y hay modelos que funcionan mal siendo públicos o siendo privados. Por tanto, cualquier modelo es posible si se gestiona bien. El Canal tiene 150 años y ha funcionado siempre muy bien. Ahora, introducir savia privada en el modelo tiene alguna ventaja, e inconvenientes graves no veo ninguno. La ventajas: que la empresa podría estar en el mercado y concursar fuera de España. Así podría exportar. Siendo gestión privada es más fácil explotar el agua. Eso sí, será necesaria una regulación muy potente que controle el proceso. Ojalá acierten.